sábado, 15 de diciembre de 2012

Árbol de Navidad de mesa con papel reciclado



MATERIALES:
  • Cartulina (para el tronco). 
  • Papel usado (folios, revistas, periódicos…). 
  • Un palito o rama que no esté muy torcida.
  • Cola blanca o pegamento. 
  • Tijeras.
  • Base (pieza de madera, tiesto pequeño…).
 INSTRUCCIONES

* PARA EL ARBOLITO:
  1. Haz un cono de cartulina y pégalo a la punta del palito/rama por el interior (usa pegamento abundante, así rellena el espacio en la punta del cono). 
  2. Cuando esté seco, inserta el otro extremo del palito en la base, usando también cola para pegar. 
  3. Ahora solo queda hacer rollitos de papel usando las hojas en diagonal, asegurando al principio y al final con pegamento. 
  4. Pégalas alrededor del cono empezando por la base hasta llegar al tope.
Img. 1
 *  PARA LA ESTRELLA:
  1.  Corta dos estrellas iguales. (Img. 1)
  2. Dobla desde el pico de la estrella hacia el lado opuesto. Repite con todos los picos. (Img.2)
  3. Ahora dobla las líneas marcadas en la primera imagen hacia adelante y las marcadas en la segunda hacia atrás. (Img.3)
  4. Pega las dos estrellas por el borde (si quieres le pones una bolita de papel dentro para que no se aplaste primero) y tendrás tu estrella 3D. (Img.4)
  5. Img.2
  6. Para terminar,  pégala en "la cima" del arbolito.(Img.5)
Img.3

Img.4


Img.5

 Fuente: http://craftaphile.blogspot.com

viernes, 14 de diciembre de 2012

LAS DOS VASIJAS

Érase una vez un aguador de la India que tenía dos grandes vasijas. Cada día colgaba cada una de ellas en los extremos de un palo que llevaba sobre los hombros. De esta manera, transportaba agua de un lugar a otro.
Una de las vasijas tenía varias grietas por las que se escapaba el agua y aunque el aguador la llenaba con esmero, el agua se iba perdiendo por el camino de manera que cuando llegaba a su destino sólo conservaba la mitad. En cambio, la otra vasija estaba totalmente nueva y el agua no se derramaba. Esto sucedía diariamente. 
La vasija sin grietas estaba muy orgullosa de sus logros pues se sabía idónea para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba avergonzada de su propia imperfección y de no poder cumplir correctamente su cometido. Así que al cabo de dos años le dijo al aguador:
-Siento no ser realmente útil para ti. A causa de mis grietas, el agua que llevo dentro se va esparciendo por el camino; siento que no cumplo mi trabajo a la perfección y, por mi culpa, sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir por tu trabajo.
El aguador le contestó:
-Mira… Vamos a regresar a casa y quiero que te fijes bien en las flores que verás a nuestro paso ¿de acuerdo?
-Está bien – dijo sorprendida la vasija.
Efectivamente, la vasija pudo comprobar cómo el camino de vuelta estaba repleto de hermosas y coloridas flores, pero ni contemplando tan bello espectáculo pudo sentirse mejor.
El aguador le dijo entonces:
-No te sientas mal. Mira las flores: crecen solamente en el lado del camino por donde tú pasas a diario. Como veía que el agua salía de tus grietas, planté semillas de flores y todos los días, al pasar, las ibas regando sin darte cuenta. Todo este tiempo han crecido preciosas flores que yo he ido recogiendo. Si no fueras exactamente como eres, con tu capacidad y tus limitaciones, no hubiera sido posible crear esa belleza. Con esto quiero que sepas que nadie es mejor que nadie, pues todos tenemos defectos de los que se puede sacar algo bueno.

"Todos somos vasijas agrietadas por alguna parte, pero siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados".

CUENTO TRADICIONAL HINDÚ

domingo, 9 de diciembre de 2012

¿Qué son los DERECHOS HUMANOS?


El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos, un texto que pretende garantizar su aplicación a todas las personas y alcanzar una igualdad que todavía es una utopía. 

La Declaración Universal de Derechos Humanos aboga por el reconocimiento y aplicación de éstos a todas las personas. Sin embargo, más de 60 años después de su aprobación, no ha conseguido el objetivo que se proponía. El último informe de Amnistía Internacional sobre "El estado de los derechos humanos en el mundo" analiza diferentes casos de "abusos" contra los derechos humanos en 159 países

Amnistía Internacional considera que las principales causas de vulneración de derechos son, entre otras, el subdesarrollo, la pobreza extrema, la desigual distribución de los recursos, la marginación, la violencia étnica y civil, la pandemia del VIH/sida y los conflictos armados
 "No hay mayor negación de los derechos humanos que los estados de guerra, cuando los ciudadanos ni siquiera tienen derecho a la vida", lamenta el presidente de la Federación de Asociaciones de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, José Antonio Gimbernat. Las guerras dejan cada año millones de personas muertas, heridas, refugiadas o desplazadas. Cuando estalla un conflicto, se pone en riesgo el derecho a la vida, pero también otros tan básicos como la salud o la vivienda.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Otro FINAL para el cuento "La rana y la serpiente"


Nos ha gustado mucho el cuento de "La rana y la serpiente", pero hemos pensado escribir otro final que refleje mejor el valor de la TOLERANCIA, así que los vamos a escribir en los comentarios de esta entrada para que tod@s podamos leerlos.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cuento sobre la TOLERANCIA: "La rana y la serpiente"

Un bebé rana saltaba por el campo, feliz de haber dejado de ser renacuajo, cuando se encontró con un ser muy raro que se arrastraba por el suelo. 
Al principio se asustó mucho, pues jamás en su corta vida terrestre había visto un gusano tan largo y tan gordo.
Además, el ruido que hacía al meter y sacar la lengua de su boca era como para ponerle la piel de gallina a cualquier rana. 

Se trataba en verdad de un bicho raro, pero tenía, eso sí, los colores más hermosos que el bebé rana había visto jamás. Este vistoso colorido alegró inmensamente al bebé rana y le hizo abandonar de un momento a otro sus temores. 
Fue así como se acercó y le habló:
      ¡Hola! –dijo el bebé rana, con el tono de voz más natural y selvático que encontró–. ¿Quién eres tú? ¿Qué haces arrastrándote por el suelo?
      Soy un bebé serpiente –contestó el ser, con una voz llena de silbidos, como si el aire se le escapara sin control por entre los dientes–. Las serpientes caminamos así. ¿Quieres que te enseñe?
      ¡Sí, sí! –exclamó el bebé rana, impulsándose hacia arriba con sus dos larguísimas patas traseras, en señal de alegría. 
El bebé serpiente le dio entonces unas cuantas clases del secreto arte de arrastrarse por el suelo, en el que ninguna rana se había aventurado hasta entonces. Luego, tras un par de horas de intentos fallidos, en los que el bebé rana tragó tierra por montones y terminó con la cabeza clavada en el suelo y sus largas patas agitándose en el aire, pudo por fin avanzar algunos metros, aunque de forma bastante cómica. 
      Ahora yo quiero enseñarte a saltar. ¿Te gustaría? –le preguntó el bebé rana a su nuevo amigo.
Y el bebé rana le enseñó entonces al bebé serpiente el difícil arte de caminar saltando, en el que ninguna serpiente se había aventurado hasta entonces. 
Para el bebé serpiente fue tan difícil aprender a saltar como para el bebé rana aprender a arrastrarse por el suelo. Fueron precisas más de dos horas para que el bebé serpiente pudiera despegar del suelo por completo su larguísimo cuerpo. Al fin lo logró, pero se veía tan gracioso cuando se elevaba, y chapoteaba tan fuertemente entre el barro después de cada salto, que los dos amigos no podían menos que reírse a carcajadas.
Así pasaron toda la mañana, divirtiéndose como enanos y burlándose amistosamente el uno del otro. Y hubieran seguido todo el día si sus respectivos estómagos no hubieran empezado a crujir, recordándoles que era hora de comer.
      ¡Nos vemos mañana a la misma hora! –dijeron al despedirse.
      ¡Hola mamá, mira lo que aprendí a hacer! –gritó el bebé rana al entrar a su casa.
Y de inmediato se puso a arrastrarse por el suelo, orgulloso de lo que había aprendido.
      ¿Quién te enseñó a hacer eso? –gritó la mamá rana furiosa, tan furiosa que el bebé rana quedó paralizado del susto.
      Un bebé serpiente de colores que conocí esta mañana –contestó atemorizado el bebé rana.
      ¿No sabes que la familia serpiente y la familia rana somos enemigas? –siguió tronando mamá rana–.Te prohíbo terminantemente que te vuelvas a ver con ese bebé serpiente.
      ¿Por qué?
      Porque las serpientes no nos gustan, y punto. Son venenosas y malvadas. Además, nos tienen odio.
      Pero si el bebé serpiente no me odia. Él es mi amigo –replicó el bebé rana, con lágrimas en los ojos.
      No sabes lo que dices. Y deja ya de quejarte, ¿está bien?
El bebé rana no probó ni una sola de las deliciosas moscas que su mamá le tenía para el almuerzo. Se le había quitado el hambre y no entendía por qué. (Lo que pasaba era que estaba triste y no lo sabía).
Cuando el bebé serpiente llegó a su casa, le ocurrió algo similar.
      ¿Quién te enseñó a saltar de esa manera tan ridícula? –le preguntó su mamá, parándose en la cola de la rabia.
      Un bebé rana graciosísimo que conocí esta mañana.
      ¡Las ranas y las serpientes no pueden andar juntas! ¡Qué vergüenza! ¡La próxima vez que te encuentres con ese bebé rana, mátalo y cómetelo!
      ¿Por qué? –preguntó el bebé serpiente, aterrado.
      Porque las serpientes siempre han matado y se han comido a las ranas. Así ha sido y tiene que seguir siendo siempre. Ni falta hace decir cómo se sintió el bebé serpiente de sólo imaginarse matando a su amigo y luego comiéndoselo como si nada.
Al día siguiente, a la hora de la cita, el bebé rana y el bebé serpiente no se saludaron. Se mantuvieron alejados el uno del otro, mirándose con desconfianza y recelo, aunque con una profunda tristeza en el corazón. Y así ha seguido siendo desde entonces.
Cuento tradicional africano.
16 de noviembre: “Día Internacional para la TOLERANCIA”

viernes, 9 de noviembre de 2012